SOBRE

N12

PANORAMA

El imaginario de las bibliotecas y sus representaciones utópicas y distópicas

2026

EL IMAGINARIO DE LAS BIBLIOTECAS
Y SUS REPRESENTACIONES
UTÓPICAS Y DISTÓPICAS

Christian Retamal Hernández

Christian Retamal Hernández

Universidad de Santiago de Chile, USACH
christian.retamal@usach.cl

 

Recibido/Submitted: 30/09/2025 | Aceptado/Accepted: 11/12/2025
DOI: 10.30827/sobre.v12i.35053

Citar como: Retamal Hernández, Christian. 2026. “El imaginario de las bibliotecas y sus representaciones utópicas y distópicas”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.35053

Cite as: Retamal Hernández, Christian. 2026. “The imagery of libraries and their utopian and dystopian representations”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.35053

THE IMAGERY OF LIBRARIES AND THEIR UTOPIAN AND DYSTOPIAN REPRESENTATIONS

ABSTRACT: We examine representations of libraries in the utopian and dystopian traditions. We argue that libraries are fundamental symbolic elements in both traditions. We identify three main historical configurations in utopian representation: (1) universal libraries controlled by enlightened elites in Renaissance utopias, (2) self-managed public libraries as infrastructures for social change (19th-20th centuries), and (3) digitized, self-aware universal libraries in science fiction, where utopianism is reinterpreted technologically. In dystopias, we identify two variants: (1) the destruction of libraries due to their diversity of knowledge, which is incompatible with totalitarianism and (2) cyberpunk as a battleground for cognitive capitalism, where libraries serve social control. We conclude that tensions over the digitization and privatization of knowledge re-actualize historical dilemmas about access, control, and the social function of libraries.

KEY WORDS: libraries, utopia, dystopia, science fiction, imaginary 

RESUMEN: Examinamos las representaciones de las bibliotecas en la tradición utópica y distópica. Argumentamos que las bibliotecas son elementos simbólicos fundamentales en ambas tradiciones. Identificamos tres configuraciones históricas principales en la representación utópica: (1) las bibliotecas universales controladas por élites ilustradas en las utopías renacentistas, (2) las bibliotecas populares autogestionadas como infraestructuras para el cambio social, (siglos XIX-XX) y (3) las bibliotecas universales digitalizadas y autoconscientes de la ciencia-ficción, donde el utopismo es reinterpretado tecnológicamente. En las distopías, identificamos dos variantes: (1) la destrucción de las bibliotecas debido a su diversidad de conocimientos incompatibles con el totalitarismo y (2) el ciberpunk como campo de batalla del capitalismo cognitivo, donde las bibliotecas sirven al control social. Concluimos que las tensiones sobre la digitalización y la privatización del conocimiento reactualizan dilemas históricos sobre el acceso, el control y la función social de las bibliotecas.

PALABRAS CLAVE: bibliotecas, utopía, distopía, ciencia-ficción, imaginario

SECCIÓN PANORAMA
SOBRE N12 01/2026

 1. Introducción. Las bibliotecas como objetos del imaginario político

Las bibliotecas ocupan un lugar singular en el imaginario de diversas culturas como instituciones simultáneamente materiales y simbólicas. Su historia está marcada por una paradoja constitutiva: son soñadas como repositorios permanentes del conocimiento humano, pero su existencia concreta está atravesada por una fragilidad estructural. La destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la gran biblioteca de Córdoba, la Casa de la Sabiduría de Bagdad (Al-Khalili, 2011), y más recientemente las bibliotecas destruidas como parte de genocidios contemporáneos, testimonian esta vulnerabilidad persistente. Esto obliga a quienes las administran a un trabajo de Sísifo, solo atenuado por la masificación de la imprenta y luego la digitalización (Eisenstein, 1966). Esta fragilidad no proviene únicamente de la destrucción deliberada en contextos bélicos, sino también de formas más sutiles: la censura (Pettegree y Der Weduwen, 2024), la desinversión institucional, y la percepción contemporánea de la irrelevancia del conocimiento y las instituciones que lo albergan.

Este artículo analiza cómo las bibliotecas han sido imaginadas en la literatura utópica y distópica como instituciones que condensan tensiones fundamentales sobre el conocimiento, el poder y la emancipación social. Dentro de los estudios utópicos, esta institución, si bien se encuentra ampliamente presente, no se ha analizado con la suficiente profundidad y especificidad. Por ello, nos parece relevante analizar cómo se le ha representado y cuál es su carácter simbólico. Consideramos que, en las utopías, las bibliotecas son conceptualizadas como infraestructuras fundacionales para la construcción de nuevas subjetividades y órdenes sociales. En las distopías, en cambio, aparecen como amenazas al control totalitario, y su destrucción o control representa la aniquilación de la libertad. Por otra parte, en la ciencia-ficción especulativa, las bibliotecas trascienden su materialidad original para convertirse en entidades que evolucionan junto con la humanidad o más allá de ella (Varela-Prado y Baiget, 2012). Nuestro análisis recurre tanto a ejemplos literarios, cinematográficos como a experiencias históricas concretas, ya que nuestro objetivo es la evolución del imaginario de las bibliotecas tanto en las utopías como en las distopías. Estos tres ámbitos se centran, de modo variable, en la representación de los deseos y ansiedades sociales en torno al conocimiento y su manifestación en estas instituciones1.

Para los propósitos de este análisis, definimos utopía como una representación literaria o filosófica de una sociedad ideal que funciona como crítica de las condiciones existentes y como proyección de posibilidades alternativas de organización social. También se define como fuente ideológica de programas políticos, movilización social, experimentos comunitarios y reivindicación del futuro con amplias manifestaciones culturales. Entendemos la distopía como la inversión de este esquema: representaciones de sociedades donde las promesas de progreso han derivado en sistemas opresivos que anulan la autonomía humana. Las distopías también pueden ser obras de crítica social que destacan las tendencias opresivas del presente 2. Las bibliotecas, en este contexto, son dispositivos institucionales que materializan concepciones específicas sobre quién tiene derecho al conocimiento, cómo debe organizarse, circular y utilizarse. Nuestro análisis destaca las configuraciones históricas donde estas tensiones se hacen más visibles.

2. Universalidad, control y arquitecturas del saber en las bibliotecas renacentistas

Las utopías clásicas del Renacimiento presentan una notable sofisticación en su conceptualización de las bibliotecas como instituciones transformadoras. En Utopía de Tomás Moro (Moro, Campanella y Bacon, 1976), la lectoescritura es una práctica social universalizada, ejercida equitativamente por hombres y mujeres. Las sesiones de lectura pública diarias presuponen una abundancia de libros y una infraestructura bibliotecaria considerable. El sistema educativo descrito se caracteriza por su universalidad, enfoque práctico y continuidad a lo largo del ciclo vital. De este modo se reconoce, implícitamente, que el acceso sostenido a los textos es condición de posibilidad para una educación permanente durante la vida. En este sentido, el texto de Moro escrito en 1516 anuncia la importancia que la modernidad asigna al conocimiento en la transformación de la humanidad.

La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella de 1602, radicaliza esta concepción mediante la idea de una «biblioteca arquitectónica»3 donde la ciudad misma funciona como dispositivo pedagógico. Los siete círculos urbanos están decorados con murales que representan todas las ciencias, permitiendo que los niños aprendan el idioma simplemente paseando por estas estancias (Hopenhayn, 1993). El conocimiento verdadero para Campanella es un proceso cíclico que fluye desde la lectura a la praxis y retorna a los libros mediante la escritura. La ciudad-biblioteca materializa un sistema totalizador de saberes que integra cosmología, física, metafísica y ética, proporcionando fundamentos tanto epistémicos como políticos destinados a la superación humana (Moro, Campanella y Bacon, 1976).

Por su parte, La Nueva Atlántida de Francis Bacon, de 1626, introduce una tensión fundamental que atravesará toda la historia posterior de las bibliotecas utópicas: la relación entre el acceso universal al conocimiento versus su control institucional. La Casa de Salomón representa una proto-universidad moderna con sus especializaciones, que anticipan las taxonomías científicas contemporáneas (Britt, 2013). Significativamente, cuenta con funcionarios dedicados exclusivamente a la adquisición de libros mediante expediciones globales que incluyen el espionaje político, científico e industrial. Por otro lado, la existencia de esta sociedad es producto del descubrimiento de un arca que contenía la Biblia y otros libros sagrados desconocidos para el resto del mundo. Estos textos cruciales legitiman su saber y confirman su integridad moral (Moro, Campanella y Bacon, 1976).

La arquitectura epistemológica de esta utopía revela una paradoja, ya que el conocimiento no fluye libremente, sino que es regulado por los funcionarios de la Casa de Salomón. Ellos controlan lo que puede conocerse públicamente y lo que debe mantenerse secreto. Esta tensión entre apertura y control no es una contradicción accidental, sino una característica estructural de las bibliotecas como instituciones de poder-saber. La propuesta de Bacon se asemeja al funcionamiento de la Biblioteca Casanatense, donde los dominicos implementaron un sistema inquisitorial de acceso estratificado para salvaguardar la ortodoxia católica, en contraposición al modelo de la Biblioteca Fontanini, que aspiraba a sistematizar y hacer accesible todo el conocimiento universal. Ambas coexistían en la Roma del siglo XVII y representan dos polos de una dialéctica que persiste hasta nuestros días (Schmidt, 2010). 

Christianopolis (1619) de Johann Valentin Andreae sintetiza estos elementos en una república de trabajadores pacifistas e igualitarios cuyo centro urbano contiene un Colegio dedicado a la educación del sujeto utópico. La biblioteca universal ya está conceptualizada como una institución específica, prefigurando desarrollos posteriores tanto en la ciencia-ficción como en proyectos institucionales reales (Claeys, 2010). Las utopías renacentistas establecen así tres arquetipos recurrentes: (1) la biblioteca como condición de posibilidad de la educación universal; (2) la tensión entre acceso igualitario y control por élites ilustradas; y (3) la integración arquitectónico-urbana de las bibliotecas como expresión material de una cosmovisión utópica.

3. Bibliotecas populares como infraestructuras de la emancipación para los movimientos obreros

La segunda mitad del siglo XIX transformó radicalmente el paisaje de las prácticas lectoras en Europa y EE.UU. Neill (2021) documenta una ampliación significativa de la esfera pública lectora, con la alfabetización básica extendiéndose a sectores medios y bajos4. La proliferación de bibliotecas públicas y de préstamo, junto con el abaratamiento de los costos de producción editorial, democratizó parcialmente el acceso a textos que dejaron de ser objetos de lujo. Para Claeys (2010), la década de 1890 vio emerger la primera generación con alfabetización masiva, al menos en Europa occidental.

Este contexto genera una transformación en la función social de la literatura utópica. Los líderes culturales proclamaban que los mejores libros transformaban vidas, y las utopías pretendían ofrecer esa experiencia transformadora por excelencia. Para el mundo obrero, esto resultaba particularmente relevante. Las novelas sociales ofrecían representaciones coherentes con su experiencia de explotación, mientras la literatura utópica permitía imaginar sociedades radicalmente diferentes, creando un polo de atracción para la transformación social, poniendo esperanza donde antes había resignación5.

El caso del trabajador Norbert Truquin, documentado por Lyons (2001), ilustra esta dinámica. Siendo analfabeto, se autodefinió como librepensador después de escuchar pasajes de El viaje por Icaria de Étienne Cabet, leídos por otro obrero en una fábrica. Se convirtió en activista, aprendió a leer autodidactamente y, a los cincuenta y cinco años, escribió su propia autobiografía (Truquin, 1888). Este itinerario ejemplifica tanto la potencia transformadora de la literatura utópica como la importancia de la transmisión oral entre los trabajadores analfabetos y las múltiples barreras institucionales que debían superarse.

El socialismo utópico, el anarquismo y el marxismo desarrollaron un consenso sobre las bibliotecas como infraestructuras básicas para producir conciencia de clase, construir la nueva sociedad y funcionar como instituciones pilares del desarrollo de esas nuevas sociedades. Robert Owen conceptualizó las bibliotecas de este modo (Claeys, 2021), y su discípulo John Minter Morgan en La rebelión de las abejas (1826) describió las bibliotecas como una experiencia de una riqueza ilimitada, accesible de forma igualitaria, sin los problemas y ansiedades de la propiedad privada (Claeys, 2022).

Piotr Kropotkin agregó un matiz importante al reconceptualizar el anarquismo como una confluencia de elementos tradicionales de las comunas campesinas y elementos modernos -bibliotecas, escuelas públicas gratuitas, parques comunitarios- que conforman una infraestructura social modernizadora capaz de crear nuevas formas de subjetividad (Adams, 2015). Esta visión integra la biblioteca no como institución aislada, sino como un nodo en una red de espacios públicos que posibilitan otras formas de vida.

Así como Campanella y Bacon, conceptualizaron ciudades que eran dispositivos para una nueva sociabilidad utópica en el siglo XIX y, comienzos del XX, ese imaginario fue ocupado por propuestas como la ciudad jardín diseñada por Ebenezer Howard. Esta fue una respuesta a la ciudad industrial caracterizada por condiciones de vida deplorables para una gran parte de la población. La ciudad jardín asume el progreso, aprovechando la ciencia y la tecnología para racionalizar el caos del capitalismo industrial. La infraestructura social considera cuestiones como caminar al trabajo, volver a comer en casa, acceso a bosques, etc. Su núcleo central tendría bibliotecas, escuelas, teatros, etc.6

Desde la creación de la II Internacional (1889), proliferaron bibliotecas populares autogestionadas, apoyadas por cooperativas, filántropos, libreros etc., (Lyons, 2001). Organizaciones como la Industrial Workers of the World (IWW) y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) española crearon ecosistemas culturales que incluían bibliotecas autogestionadas y ateneos populares como espacios polivalentes7 para reunión, organización y educación popular (Levy y Adams, 2018)8.

Lyons indica que estas bibliotecas tenían una intención moralizante específica: guiar a lectores populares hacia una «buena literatura» (historia, ciencia, clásicos) alejándolos de la novela de entretenimiento sin crítica social. Sin embargo, el término moralización suponía cuestiones muy diferentes según quien lo enunciara. Desde una perspectiva religiosa, suponía atenerse a una lectura edificante, las vidas ejemplares de santos, las novelas que destacaban el castigo del pecado, etc. Para los socialistas utópicos, suponía una moral moderna de carácter racionalista e ilustrada, que comprendiera la igualdad y la justicia social. Para los anarquistas y marxistas, la moralización suponía algo más práctico: comprender los males sociales como producto de las condiciones sociales capitalistas, siendo su superación un proceso de autotransformación y desalienación. 

Bonnell (2021) documenta diferencias fundamentales entre los hábitos lectores de la clase trabajadora y los burgueses a finales del siglo XIX. Para los trabajadores, la ficción social crítica ocupaba un lugar relevante junto a la historia popular, la divulgación científica y la literatura utópica. Aquí opera un desplazamiento significativo, ya que el socialismo es justificado cada vez más dentro de una cosmovisión científica, siguiendo la estela de Del socialismo utópico al socialismo científico (1880) de Friedrich Engels9. Esto confluye con la asimilación, por parte del socialismo, del carácter progresista de la revolución industrial y científica. Las bibliotecas populares y los ateneos proporcionaron un acceso a la literatura y la cultura imposible de otro modo. También los públicos y los fondos de las bibliotecas populares y las de préstamo comerciales eran diferentes. Estas últimas atendían a las clases medias cultas que buscaban entretenimiento y socialización selecta, funcionando como espacios de consumo con rígidos filtros de acceso. Las bibliotecas populares, autogestionadas y gratuitas o de muy bajo costo, orientaban sus fondos a ilustrar al público obrero, fomentando su organización y comprensión del conflicto social. Eran también espacios de batalla ideológica entre socialistas utópicos, anarquistas, republicanos, anticlericales y marxistas. Por ello, quien asistía participaba de una sociabilidad que fortalecía la organización y conocía diversas perspectivas utópicas e ideológicas.

El Partido Socialdemócrata alemán fundó en 1906 la Comisión Central de Educación para apoyar la creación de bibliotecas populares, destacando las obras marxistas y panfletos que debían prestar. Una encuesta nacional de 1907 sobre las actividades educativas en las bibliotecas reveló la falta de lugares idóneos (recurriendo incluso a cervecerías), solicitaban más conferencistas y orientación sobre la creación de las bibliotecas, e indicaban el cansancio de los obreros como una dificultad importante para implicarlos educativamente (Bonnell, 2021, p. 156).

Lenin afirmó en 1905 que las bibliotecas, editoriales y periódicos debían integrarse al partido. Tras la Revolución Rusa, las bibliotecas se concibieron como parte integral del modelo educativo soviético, herramientas fundamentales contra el analfabetismo y base para consolidar la revolución mediante la educación de los nuevos ciudadanos socialistas (Granjon, 2015). Nadezhda Krupskaya, esposa de Lenin, tuvo un papel destacado formando una red nacional de bibliotecas10. Sin embargo, ya en ese momento el control sobre las bibliotecas supuso censura y purga de sus fondos (Brandist, 2015). Esta contradicción, las bibliotecas como herramientas de emancipación sometidas simultáneamente a control ideológico estatal, ilustra la tensión inherente entre la función crítica del conocimiento y su instrumentalización política.

En Chile, Luis Emilio Recabarren -fundador del Partido Comunista- conceptualizó las bibliotecas como armas para la emancipación y la lucha ideológica (Recabarren, 1985). Consideraba la vitalidad de las bibliotecas populares como indicador clave del éxito organizativo obrero. Sus escritos en la prensa obrera (1898-1924) aluden constantemente al futuro y el progreso mediante la elevación cultural. También denunció la destrucción de las bibliotecas y las imprentas por la policía y destacó su resiliencia. Como vemos, los obreros tenían su propio imaginario progresista sobre las bibliotecas. A finales del siglo XX, aún seguía activo en los movimientos socialistas. Yeo (1985) indica cómo las bibliotecas populares estaban ligadas a la educación de adultos y a la formación de escritores autodidactas. A pesar de las crisis de las izquierdas, el futuro seguía siendo reivindicado en la perspectiva de la transformación social.

Las bibliotecas populares y ateneos obreros representan así una configuración cualitativamente distinta de las bibliotecas renacentistas. Donde aquellas privilegiaban el control por élites ilustradas, estas enfatizan autogestión, acceso irrestricto y su función como espacios de una sociabilidad politizada.

4. Entre la trascendencia tecnológica y la privatización distópica en la ciencia-ficción y el ciberpunk

H. G. Wells ocupa una posición bisagra entre el utopismo y la ciencia-ficción contemporánea11. Formado en la tradición utópica, Wells conectó ambos géneros reinterpretando la idea renacentista de la biblioteca universal mediante la especulación tecnológica. En Cerebro mundial (2004), imaginó un acceso universal al conocimiento mediante réplicas de libros en microfilms. Wells propone aquí la creación de una enciclopedia mundial nueva, dinámica, libre, accesible para todo el mundo que permitiera una visión unificada de la realidad. Sería la base del sistema educativo en todos sus niveles, de confirmación de los hechos para la prensa y de la coordinación de la vida intelectual y científica. Su relevancia la convertiría en una biblia secular. Una Sociedad Enciclopédica la gestionaría y protegería de la privatización y la parcialidad. También serviría para el desarrollo de un cerebro mundial como antídoto frente a la guerra y la ignorancia. En un sentido similar se pronuncia Arthur C. Clarke (1964) respecto de una biblioteca digital, que implicará la necesidad de cambiar el formato tradicional del libro. También anunciaba la lectura fragmentaria como algo benéfico y anunciaba los problemas eventuales del exceso de información.

En Una utopía moderna (2015) Wells propuso un registro total de la información personal, argumentando una reinterpretación del derecho liberal a la privacidad12. Para Wells, la distinción entre una biblioteca y un archivo de información controlado estatalmente se desdibuja problemáticamente. Wells influyó en la idea de un registro público del conocimiento de Peter Singer. También en Google, que en 2002 intentó una digitalización masiva bloqueada por los derechos de autor. Además, influyó en la «República digital de las letras» de Robert Darnton y su visión utópica de democratización del conocimiento y la corrección de las injusticias históricas (Carr, 2012). Ello se concretó en la Digital Public Library of America (DPLA) con un enfoque de bien público a diferencia del de Google, que es una transferencia de valor que privatiza aún más el conocimiento.

Wells formula un principio de conocimiento ilimitado basado en la sistematización de índices, bibliotecas, museos y oficinas de investigación, donde el límite de lo cognoscible coincide con el límite institucional de estos dispositivos. En Los primeros hombres en la luna (1971), Wells especula sobre una sociedad selenita donde no existen bibliotecas ni sistemas de registro, porque los cerebros dilatados almacenan conocimiento sin dispositivos externos. Esta idea anticipa narrativas transhumanistas y ciberpunk que ven el conocimiento como una cualidad ontológica de los individuos.

La ciencia-ficción trata inicialmente las bibliotecas de modo similar a las utopías: instituciones que mejoran y dignifican la condición humana. La diferencia radica en el matiz tecnológico que frecuentemente eclipsa la dimensión política (Laudano et al., 2012. Shelley et al, 2021). Además, los límites ontológicos se vuelven difusos. Las bibliotecas se transforman en redes de inteligencia artificial capaces de autodesarrollo y evolución autónoma, autotrascendiéndose sin abandonar su estrato de biblioteca13.

Isaac Asimov desarrolló múltiples versiones de este planteamiento. Multivac es un inmenso repositorio de conocimiento sobre el cual se articulan computadoras autoconscientes. Asimov impregna de espiritualidad la relación que humanos y robots establecen con las bibliotecas, transformándose existencialmente a través de ellas14. Las bibliotecas se informatizan, miniaturizan, autocorrigen y densifican, rompiendo con el formato físico y permitiendo accesos remotos.

Vakoch (2011) examinó representaciones de encuentros con civilizaciones extraterrestres en el contexto del proyecto SETI. Las representaciones optimistas consideraban que dicho contacto implicaría un renacimiento para la humanidad. Carl Sagan y Frank Drake imaginaron el acceso a una enciclopedia galáctica y vastas bibliotecas que permitirían solucionar infinitos problemas15. Suponían que las civilizaciones extraterrestres serían más desarrolladas tecnológica, ética y políticamente, ya que superaron exitosamente la fase de la autodestrucción y estarían dispuestas a compartir su conocimiento16. Se daba por supuesto que, a pesar de sus avances, mantendrían el arquetipo de lo que es una biblioteca y una enciclopedia.

También se trata la fragilidad de las bibliotecas. La máquina del tiempo de Wells (1982) muestra la pérdida de las bibliotecas como una catástrofe civilizatoria. Ver bibliotecas en ruinas y los libros deshacerse como polvo son potentes metáforas de una herida de la especie, pero también muestran el reinicio civilizatorio a partir de los mismos libros17. Las ruinas son una metáfora común para señalar el peso del tiempo y la inutilidad de las obras humanas (Hope, 2023) o como testimonio del desprecio por el pasado, cuando la humanidad ha evolucionado (Jefferies, 2023).

5. La biblioteca como memoria subversiva en las distopías

Durante el siglo XX, el utopismo fue sustituido por una vasta producción distópica en la literatura y, actualmente, en el cine y las series (Retamal, 2024). En este escenario, las bibliotecas y libros representan la verdad de un pasado o realidad diferente al orden totalitario impuesto.

En 1984, George Orwell (2023) presenta el Diccionario de la Neolengua como inverso exacto de una biblioteca. Su función es destruir el lenguaje para limitar el pensamiento, ya que no puede cometerse un crimen impensable. Cada versión presenta menos entradas, su perfección es normar un lenguaje mínimo. A diferencia de las bibliotecas caracterizadas por su proliferación y creciente diversidad, este diccionario pretende reducirse. Los archivos y registros están siendo continuamente falsificados según los intereses del Gran Hermano, adulterando la percepción de la realidad. Los libros del pasado aparecen como faros de verdad en vías de desaparecer. Winston Smith, el protagonista se relaciona con ellos de modo profundamente nostálgico. 

Algo similar ocurre en Un mundo feliz de Huxley (2004) donde los niños son condicionados en el rechazo a los libros y las bibliotecas solo contienen obras de referencia. La eliminación de libros y bibliotecas formaron parte de la guerra contra el pasado, base del nuevo orden. Al igual que 1984, los libros son considerados un peligro porque promueven un pensamiento que no puede ser controlado y expresan un deseo de individualidad.

Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (2016) ofrece el ejemplo más influyente de esta visión. A diferencia de otras distopías, la quema de los libros y las bibliotecas fue una tendencia que surgió de la propia sociedad y luego fue promovida por el Estado para mantener una ingenua libertad. La sociedad buscó el entretenimiento, evitando exponerse a la complejidad de la vida expuesta en los libros. Además, se desarrolló una repulsión a la controversia. Leer generaba ansiedad, melancolía y una sensación de desigualdad existencial, ya que leer supone una diferenciación individualizadora18. En esta obra la superficialidad es un valor esencial para lograr la serenidad, pero no todo está perdido. Existen grupos nómadas que se confunden con vagabundos que han memorizado los libros. Estas personas-libros grupalmente constituyen verdaderas bibliotecas humanas basadas en la memorización y la narración oral. Su objetivo es mantener la sabiduría para un futuro en que se reconstruya la civilización y vuelvan a imprimirse los libros.

En las representaciones distópicas las bibliotecas están asociadas a la ilustración en un sentido diferente al de las utopías. Las antiguas sociedades ilustradas, basadas en la democracia liberal o el socialismo, han fracasado ante el totalitarismo. Ya no se trata de crear la biblioteca universal utópica, sino más bien de salvar los restos de las bibliotecas existentes del naufragio civilizatorio. Para Bradbury, el reinicio es distinto al de Wells, ya que propone una salida comunitaria centrada en la memoria, la transmisión oral y el diálogo dentro de los marcos ilustrados (Seed, 1994).

6. Bibliotecas digitales universales y capitalismo cognitivo en el ciberpunk

El ciberpunk, como una variante de la distopía, presenta bibliotecas completamente digitalizadas, accesibles a través de redes informáticas o como programas instalados directamente en el cerebro y limitadas por la estratificación social (Blade Runner, Matrix, Ghost in the Shell). Encontramos distintos tipos de entidades inteligentes: humanos, cíborgs, replicantes, hologramas, inteligencias artificiales.

Algunas veces las bibliotecas dispersas en las redes sirven de refugio a nuevas entidades que se alimentan del conocimiento, desarrollando un tecno-animismo19 (Retamal, 2022). Otras veces, las bibliotecas son atacadas porque sus registros son la base de segregaciones sociales opresivas, como en el caso de Blade Runner20. El apagón digital supone destruir las bibliotecas virtuales borrando los registros que identificaban a los replicantes, pero con ello también se pierde todo el patrimonio cultural. El ciberpunk muestra a las bibliotecas digitales tan vulnerables como sus equivalentes físicas.

Aquí la biblioteca universal se convierte en realidad como pesadilla de control. Su estructura es reticular, pero puede manipularse gracias a sus recovecos secretos. Los bibliotecarios suelen describirse como inteligencias artificiales dedicadas a controlar los accesos, catalogar y ocultar la información sensible. El ciberpunk proyecta un capitalismo cognitivo radical basado en la producción de conocimiento como la principal fuente de creación de valor. La relación salarial está ligada a la producción de conocimientos, apoyándose en un capital inmaterial e intelectual. El sujeto político es el cognitariado21 que es el proletario del trabajo intelectual.

En el caso de los replicantes de Blade Runner, el valor del conocimiento no deriva de la escasez natural, sino de una limitación impuesta en su ciclo vital. Los replicantes fugitivos, que buscan la libertad y extender su vida, son el cognitariado en rebelión. En cambio, Ghost in the Shell se centra en la naturaleza inmaterial del conocimiento y la identidad, un mundo donde la red de cooperación entre cerebros es el sustrato de la existencia y principal recurso económico. El concepto de «Ghost» enfatiza lo espectral de la conciencia digitalizada y conectada, que circula en vastas redes de conocimientos. 

La biblioteca se convierte en el ciberpunk, en un campo de batalla de las contradicciones del capitalismo cognitivo. Muchas veces, la inteligencia colectiva representada por las bibliotecas está enjaulada por el control monopólico de las megacorporaciones, en lugar de estar en el dominio público. El ciberpunk muestra que la tecnología posibilita una biblioteca universal libre como lo planteaban las utopías antes analizadas, pero el conocimiento está estrictamente segregado y restringido. Ambas obras plantean que la batalla por la propiedad intelectual no es solo jurídica o económica, sino existencial. En Blade Runner, la propiedad se extiende al cuerpo y su tiempo de vida y en Ghost in the Shell a la conciencia y su flujo en la red. Ambos mundos muestran la tensión entre la abundancia del conocimiento y el capitalismo cognitivo que impone una escasez artificial para mantener la extracción de valor.

 7. Conclusiones: tensiones contemporáneas y futuros en disputa

Este recorrido histórico revela que las bibliotecas operan como instituciones ambivalentes que condensan tensiones fundamentales sobre el conocimiento, el poder y la emancipación. Hemos identificado tres configuraciones históricas principales en la representación de las bibliotecas utópicas: (1) las bibliotecas universales controladas por élites ilustradas en las utopías renacentistas orientadas a la eliminación de la ignorancia y la obtención de un saber totalizador, (2) las bibliotecas populares autogestionadas como infraestructuras para el cambio social, centradas en la moralización, socialización, debate ideológico y lucha obrera contra la opresión de clase en los siglos XIX y XX y (3) las bibliotecas universales digitalizadas, autoconscientes y evolucionadas de la ciencia-ficción donde el utopismo ha sido radicalizado tecnológicamente.

En las distopías, se identifican dos variantes: (1) la destrucción de las bibliotecas, porque preservan la memoria, una diversidad de conocimientos incompatibles con el totalitarismo y promueven la individualización y (2) el ciberpunk como campo de batalla del capitalismo cognitivo, donde las bibliotecas y su conocimiento se ha privatizado y sirve a la estratificación social y el control.

A través de estas configuraciones persisten elementos comunes. Primero, la fragilidad estructural: desde Alejandría hasta el apagón digital de Blade Runner, las bibliotecas están permanentemente amenazadas por la destrucción deliberada, desinversión o transformaciones que las desnaturalizan. Segundo, la tensión entre apertura y control: la dialéctica entre acceso universal y regulación institucional atraviesa todas las épocas, manifestándose en formas específicas (élites ilustradas, censura estatal, algoritmos corporativos). Tercero, la centralidad política, ya que tanto las utopías como las distopías reconocen que quien controla el conocimiento de las bibliotecas controla la posibilidad de imaginar y construir futuros alternativos.

Las transformaciones son igualmente significativas. La desmaterialización progresiva de la ciudad-biblioteca arquitectónica de Campanella a las redes neuronales de Asimov y los espacios virtuales del ciberpunk. El sujeto político cambia del ciudadano ilustrado renacentista al obrero autoformado políticamente y, finalmente, al cognitariado explotado por la economía inmaterial. Asimismo, la escala imaginada se expande exponencialmente: de bibliotecas urbanas locales a redes nacionales, enciclopedias galácticas y finalmente la biblioteca universal digital.

Las tensiones contemporáneas sobre la digitalización y la privatización son actualizaciones de dilemas históricos. Lossin (2017) critica fuertemente la noción de una biblioteca universal promovida por la digitalización. En su perspectiva, las actuales bibliotecas al usar los fondos en línea de grandes editoriales, se convierten en espacios de flujo de información extraída a los lectores. Al carecer de fondos propios, participan de la pérdida de privacidad y desnaturalización del lector, contribuyendo a su propia privatización. Se suma la obsolescencia programada de las propias bibliotecas, dispositivos, soportes y textos.

Hay una diseminación de la razón instrumental, donde la destreza tecnológica en el manejo de herramientas que facilitan la lectura fragmentaria desplaza la importancia de la adquisición del conocimiento profundo. Aquí juega un rol importante la aceleración social que abarca todas las esferas22 y que también presiona a las bibliotecas. Sin embargo, la lectura profunda y el aprendizaje requieren tiempo.

En definitiva, para Lossing, en la narrativa actual de la biblioteca universal digitalizada, que se presenta como utópica, subyace la distopía de la privatización y la destrucción del libro como objeto. Su contraparte es un lector solitario, abocado a la lectura fragmentaria y superficial, presionado por la aceleración y que exuda datos que son monetizados. Sin embargo, en esta visión, falta la dimensión colectiva de quienes crean y usan las bibliotecas como espacios comunitarios ajenos a la privatización.

Las bibliotecas comunitarias han construido históricamente una interacción positiva entre globalización e identidad local, glocalización según Robertson (1995), arraigándose territorialmente (Massoni, Kaefer y Borges, 2024). Wright (2021) analiza las bibliotecas públicas como instituciones que son utopías concretas y prefiguran el comunismo en las sociedades actuales. Ello porque operan bajo el principio de «a cada uno según su necesidad», racionando el acceso por tiempo en lugar de precio, lo que fomenta la igualdad y promueven relaciones sociales no condicionadas por el dinero23.

Esto conecta directamente con las bibliotecas populares y los ateneos del siglo XIX-XX. La sociabilidad que crearon, con claros tintes utópicos, fue lo que les dio sentido y trascendencia. Es significativo también el potencial democratizador de tecnologías disruptivas como las bibliotecas en las sombras24, que operan en los intersticios del capitalismo cognitivo, redistribuyendo el conocimiento globalmente.

La pregunta fundamental persiste: ¿las bibliotecas serán dispositivos de emancipación colectiva o instrumentos de control y extracción de valor? La respuesta no es tecnológica sino política. La digitalización por sí misma no determina el resultado; lo que importa es quién controla la infraestructura, bajo qué principios opera y qué formas de sociabilidad posibilita. Las bibliotecas populares del siglo XIX y las bibliotecas en las sombras contemporáneas demuestran que siempre existen intersticios para prácticas emancipadoras, incluso bajo condiciones adversas.

Finalmente, el análisis de las representaciones utópicas y distópicas no es un ejercicio meramente especulativo. Estas narrativas funcionan como laboratorios conceptuales donde se exploran posibilidades, se identifican peligros y se imaginan alternativas. La preservación o aniquilación de las bibliotecas constituye un índice del destino histórico de las sociedades. Pero este destino no está predeterminado; es objeto de conflicto, negociación y construcción colectiva permanente.

Fuentes de financiación

El presente artículo forma parte del proyecto de investigación Dicyt 032452RH (2024-2026), financiado por la Universidad de Santiago de Chile, USACH, del cual el autor es Investigador Responsable.

Referencias

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Pies de página

Desde un punto de vista metodológico no pretendemos asimilar en un mismo nivel las obras literarias, cinematográficas y los casos históricos sobre las bibliotecas. Nos centramos en la continuidad y quiebres de sus representaciones. (Volver al texto)

Para una comprensión detallada de la utopía ver Bloch (2006), Neusüss (1971). Para la distopía, Martorell (2021). (Volver al texto)

Las utopías literarias suelen concebir las ciudades como dispositivos materiales de la transformación social; por ello contienen descripciones muy detalladas de las viviendas, calles, infraestructuras como parques, ágoras, templos, escuelas y, por supuesto, las bibliotecas. Esto luego se traslada al diseño de las comunidades utópicas como los falansterios, o las comunidades owenitas, entre muchas otras. Así, la arquitectura se pone al servicio de los objetivos utópicos y expresa una materialidad que contrasta y crítica a las ciudades reales. (Volver al texto)

Para una evolución y expansión del libro, periódicos y otros medios impresos entre la Revolución Francesa y mediados del siglo XIX, ver Eisenstein (1990). (Volver al texto)

Junto a las utopías se leían ampliamente las novelas con contenido social, como las de Charles Dickens, Víctor Hugo, etc. Este proceso corrió en paralelo a lo que Schuster (2023) llamó ilustrar el socialismo. Se produjo una feliz sinergia entre el proceso de auto alfabetización de los obreros y la extensión de una iconografía en diversos medios impresos que daban cuenta de una nueva estética, simbología, identidad de clase y un modo de reivindicar el futuro, a lo que luego se uniría una producción musical y artística más amplia. (Volver al texto)

Howard, que era un socialista municipalista, estaba influenciado por Edward Bellamy quien era un socialista utópico con un fuerte énfasis estatista. Sin embargo, Howard desconfiaba de la centralización por lo que sus ciudades jardín se pensaron de modo descentralizado, comunitario y autosuficiente en lo posible. Una justificación de la ciudad jardín puede verse en el documental de Ralph Steiner The city (1939). La ciudad jardín fue solo uno de los muchos ejemplos de reforma urbana, con tintes utópicos, que empezaron a extenderse en el primer tercio del Siglo XX. Estas innovaciones no solo consideraban la idea de la vivienda pública, sino que eran un concepto completo de ciudad que incluía a las bibliotecas como un eje de modernización (Lorinc, 2022). (Volver al texto)

No deja de ser llamativo como la necesidad puede convertirse en virtud, ya que los usos de estas bibliotecas evocan el modelo danés de los cuatro espacios desarrollada por Jochumsen, Hvenegaard-Rasmussen y Skot‐Hansen en 2012, que tienen como objetivo la experiencia, participación, innovación y empoderamiento ciudadano (Quispe-Farfán, 2020). (Volver al texto)

El documental Vivir la utopía (1997) de Juan A. Gamero es una fuente interesante para ver la formación de las comunidades anarquistas españolas mediante el testimonio de sus protagonistas. (Volver al texto)

Bonnell destaca La mujer bajo el socialismo de August Bebel y Las doctrinas económicas de Karl Marx de Karl Kautsky como dos obras de carácter teórico que fueron masivamente promovidas y leídas, llegando a ser muy demandadas en las bibliotecas populares. (Volver al texto)

10  En sus textos sobre educación Krúpskaya (2022) enfatiza la necesidad de una amplia red nacional de bibliotecas que nivele la educación urbana y rural, la importancia de atraer a las bibliotecas a las y los trabajadores estimulando la autoformación, la creación de bibliotecas infantiles con fondos adecuados, estimular a los niños a explorar las bibliotecas y encontrar libros interesantes por sí mismos. En un texto de 1922 indica que se crearon unas 80.000 salas de lectura en las zonas rurales y aproximadamente 30.000 bibliotecas, ello a través de organizaciones juveniles, sindicales, campesinas, el Ejército Rojo, etc., (2022, p. 193).

Asimismo, resulta interesante el artículo biográfico «Como Lenin utilizaba las bibliotecas» (Krúpskaya, 2022). Allí cuenta como Lenin se las arregló en la cárcel y en el exilio interior para proveerse de libros por correo desde distintas bibliotecas públicas, universitarias y de amigos. También relata cómo, en el extranjero, usó varias bibliotecas europeas y cómo evaluaba la burocracia del préstamo, las formas de organización y fichaje o los fondos bibliotecarios. Destaca cómo consideraba el modelo bibliotecario suizo el mejor y cómo deseaba copiarlo para Rusia. Señala que Lenin solía decir que un indicador del nivel cultural de un país eran sus bibliotecas. Finalmente narra cómo las bibliotecas fueron el pilar de su formación intelectual. (Volver al texto)  

11  Nótese que Wells, considerado en Gran Bretaña como un realista social, en EE.UU. fue interpretado como un autor de ciencia-ficción, recortando su perspectiva crítica. Estimuló la visión utópica de un gobierno mundial tecnocrático, similar al de La nueva Atlántida de Bacon. Algunas de sus obras pueden interpretarse bajo el prisma de la utopía o la distopía. En La guerra de los mundos la destrucción de la humanidad es comparada al genocidio cometido por los británicos contra los tasmanos. Esto amplía a escala cósmica las imágenes del imperialismo, donde una sociedad tecnológicamente superior destruye a las de rango inferior. Asimismo, La máquina del tiempo, considerada como un clásico de la ciencia-ficción, puede analizarse como una distopía. Ello por su crítica implícita al poder destructivo de la tecnología en la guerra y a las luchas de clases que provocaron la devastación de la sociedad. (Volver al texto)

12  Wells redefine la privacidad ya que, en una sociedad utópica, el aumento de la inteligencia y la educación reduciría la necesidad de aislamiento extremo, llevando a una vida más pública. El diseño urbano sería fundamental para el encuentro y la creación de nuevas relaciones interpersonales. Entiende que la propiedad privada personal es un instrumento necesario de la libertad, por la cual se manifiesta una subjetividad privada. Sin embargo, la propiedad privada más allá del hogar y lo personal debería estar regulada y gravada para el bien común. (Volver al texto)

13  El concepto de biblioteca universal, si lo miramos retrospectivamente, tiene problemas de integración de género, etnia, etc., así como también de otras perspectivas culturales. Ello conlleva un serio problema para lograr un conocimiento total de la humanidad. En ese sentido, este concepto pretende ser absoluto. Sin embargo, desde otra perspectiva, la dialéctica de la ilustración -como lo muestran Adorno y Horkheimer (2023)- ha ido integrando a diversos grupos marginados y por ello hoy podemos hablar de una ilustración radical, feminista, etc. Esta lógica también vale para la biblioteca universal. Es un concepto reinterpretado por la Ilustración, que se desenvuelve integrando nuevos conocimientos y literalmente progresa. Para ver el desarrollo histórico del concepto de biblioteca universal hasta la idea de cerebro mundial ver: Heylighen (2011). Allí se traza un recorrido en distintas ramas, una de las cuales es el enciclopedismo que se remonta a la masonería, a la Ilustración y la elaboración de la Enciclopedia de Diderot, continuando hasta los modernos sistemas de clasificación que evolucionaron en los hipertextos hasta llegar a Wikipedia. Otro ejemplo disruptivo es el The Internet Archive y las bibliotecas en la sombra, cuyo funcionamiento puede verse en vivo en https://open-slum.org/. (Volver al texto)

14  Multivac aparece por primera vez en Sufragio Universal recogido en la antología Con la tierra nos basta (1991). Sobre las relaciones espirituales con las bibliotecas ver el personaje de Janov Pelorat, así como la miniaturización en Los límites de la fundación (2003). Sobre la importancia de las bibliotecas para los robots ver: Esclavo de galeras en Yo, robot (1989a) y también El hombre del bicentenario (1989b). (Volver al texto)

15  El anverso de esta propuesta optimista es la hipótesis del bosque oscuro que indica que, posiblemente, hay muchas civilizaciones extraterrestres, pero todas evitan comunicarse ya que desconocen las intenciones y el potencial destructivo de las otras. Cixin Liu la utilizó como base de El problema de los tres cuerpos. (Volver al texto)

16  Esto se veía reforzado por narrativas como las de Star Trek que le mostraba al gran público que, luego de innumerables guerras que devastaron la humanidad, hubo un primer contacto con los vulcanos. Una civilización que superó su crisis autodestructiva gracias a la lógica y que desarrolló un vasto plan de asistencia tecnológica que pacificó a la humanidad. (Volver al texto)

17  En la versión cinematográfica de La máquina del tiempo de Wells (Pal, 1960), el protagonista vuelve al futuro premunido de tres libros no identificados. Una pequeña biblioteca para el reinicio de la civilización, siguiendo el arquetipo del salvador ilustrado. (Volver al texto)

18  La lectura ha formado una parte importante de la forma de producir subjetividad. En un sentido ilustrado, la cultura es el instrumento que permite formar el carácter y prepararnos para los desafíos y adversidades de la vida. Anderson (2024) lo muestra a través de las bibliotecas personales que formaron a diversos intelectuales y activistas y cuyo impacto fue trasnacional. (Volver al texto)

19  El tecno-animismo es la derivación moderna del imaginario animista. Es el resultado de siglos de mutación donde confluyen elementos religiosos, filosóficos y tecnológicos. Este concepto se utiliza para explicar la hipotética agencia de las inteligencias artificiales y los androides. Culturalmente, es un vasto campo de sincretismo (manga, anime, videojuegos) vinculado a un poshumanismo de raíz ciberpunk, explorando la posibilidad de entidades híbridas con sintiencia e inteligencia (Retamal, 2022). (Volver al texto)

20  Esta historia se relata en el spin-off Blade Runner: Apagón 2022 de Shin’ichirō Watanabe (2017). (Volver al texto)

21  El cognitariado es un sector que experimenta empobrecimiento a pesar de estar altamente formado y su explotación es un tema central en las teorías sobre el capitalismo cognitivo. Trabaja en redes de colaboración que crean cadenas de valor en torno al conocimiento, pero es desapropiado del valor generado. La contradicción central reside en que el conocimiento tiende estructuralmente a la abundancia, ya que el coste de reproducción propende a cero al digitalizarse. En cambio, el capital regido por el paradigma de la escasez la imponerla artificialmente para extraer valor. Esta ofensiva de privatización parasitaria de lo común mediante patentes y derechos de autor busca limitar la libre circulación del conocimiento (Moulier, 2004). (Volver al texto)

22  Según Hartmut Rosa (2016), la aceleración social es el proceso que define la temporalidad en la modernidad tardía. Se manifiesta en tres formas interconectadas: la aceleración tecnológica, la del cambio social (valores, empleos) y la del ritmo de vida, lo que genera una constante hambre de tiempo. Impulsada por la competencia y el deseo de acumular experiencias, esta dinámica se convierte en una fuerza totalitaria e ineludible que provoca una profunda alienación del espacio, las cosas, las acciones y las relaciones sociales. (Volver al texto)

23  Wright (2021) destaca que aparte de la función de préstamo de libros, las bibliotecas aportan al tejido social como espacios públicos de encuentro humano y aprendizaje. Aunque pueden tener contradicciones y ser elitistas, su esencia radica en la promoción de ideales emancipadores como la igualdad, la democracia y la comunidad. Edward Bellamy (2023) prefiguró esta idea al señalar en su utopía Looking Backward, publicada en 1888, la increíble libertad y accesibilidad de las bibliotecas del año 2000 respecto de las del siglo XIX. (Volver al texto)

24  Las bibliotecas en la sombra son repositorios en línea de artículos académicos y libros electrónicos en distintos idiomas. En principio surgieron de colecciones informales a través de las redes de intercambio de archivos p2p gestionadas por el software Emule. Ejemplos notables incluyen a Sci-Hub y actualmente a SciDB para artículos académicos y Library Genesis y Anna’s Archive para libros. Su motivación principal es el acceso abierto al conocimiento, fundado en el derecho humano a la ciencia y la cultura y la oposición a los altos costos de las publicaciones académicas. Utilizan tecnologías como webs espejos, BitTorrent, VPN e IPFS para lograr resiliencia ante la persecución. En caso de caída, los enlaces de los nuevos sitios aparecen en Wikipedia. Por ello un texto puede encontrarse de múltiples formas. Aunque enfrentan problemas legales por infracción de derechos de autor, muchos académicos las apoyan como un acto de desobediencia civil. Recientemente, se ha alegado que incluso los modelos de IA han usado datos de estas bibliotecas para su entrenamiento. (Volver al texto)

EL IMAGINARIO DE LA BIBLIOTECA Y
SUS REPRESENTACIONES UTÓPICAS Y DISTÓPICAS

Christian Retamal Hernández

Universidad de Santiago de Chile, USACH
christian.retamal@usach.cl

 

Recibido/Submitted: 30/09/2025 | Aceptado/Accepted: 11/12/2025
DOI: 10.30827/sobre.v12i.35053

Citar como: Retamal Hernández, Christian. 2026. “El imaginario de las bibliotecas y sus representaciones utópicas y distópicas”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.35053

Cite as: Retamal Hernández, Christian. 2026. “The imagery of libraries and their utopian and dystopian representations”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.35053