SOBRE
N12
PLIEGO
Diario de una bibliotecaria
2026
DIARIO DE UNA BIBLIOTECARIA
Florencia Bossié y Julia Cisneros
SECCIÓN PLIEGO
SOBRE N12 01/2026
1
La luz del sol es una línea amarilla
entre las tablas verde inglés de la persiana que da a la plaza1.
Deslizo la pinceleta por el lomo y los nervios de un ejemplar del siglo XV
la espalda inclinada, el polvo en los ojos, la nariz reseca.
Hace tres décadas entré por primera vez a esta biblioteca nacida en el siglo XIX
junto con el Museo General, bajo la dirección del Perito Moreno.
Las dos instituciones, que inicialmente estaban en un mismo edificio,
compartían el concepto de la nueva capital de la provincia de Buenos Aires:
La Plata, fundada en 1882 como ciudad ejemplar,
inspirada en la Franceville de Verne en Los quinientos millones de la Begum,
con su espíritu científico, trazado simétrico, higiénica, ilustrada,
respondía por completo al ideal positivista de la generación del 80.
El plano fundacional preservado en la Dirección de Geodesia
da cuenta de una rigurosa planificación:
universidad, asilo de huérfanos, casa correccional de menores,
templo católico, hospitales, consejo de higiene y vacuna,
escuelas, observatorio y teatro.
El Perito Moreno concibió la colección
pensando en la adquisición de obras formativas,
bibliófilas, eruditas, científicas, difíciles de conseguir,
dejando de lado las literaturas consideradas menores
como la gauchesca, las novelas por entregas o los folletines.
Libros selectos para una comunidad selecta.
1 Hola Flor, me entrometo en tu diario y te veo, y te leo. Voy a conversar en nota al pie. Dejo algunas imágenes de las Categorías porque es un proyecto que, como este diario, persiste. Vengo trabajando desde 2018 con estos collages y, a falta de otro nombre, le digo para mis adentros Categorías. Son recortes sobre la colección Los Hombres de la Historia Argentina que editó el Centro Editor de América Latina en 1968. Encontré un total de 90 publicaciones que estaban en muy mal estado y comencé a recortar y ordenar las imágenes según la cantidad de veces que aparecían. Empecé el proyecto antes de la pandemia, creo que en el 2019. En el tiempo de la cuarentena ordené y pegué ligeramente en cada hoja las asociaciones, digo ligeramente porque lo hice de forma tal que pudiera despegar los materiales para armar otras combinaciones a futuro, como los libros de una biblioteca cuyos criterios de catalogación cambian. Voy a insertar algunas en tu diario, seguiré conversando con este poema y sus exploraciones ¿qué te parece?
Figura 1: Categorías. Anotaciones y manuscritos2.
2 Letras y miniaturas medievales, libros raros, grafismos, textos iluminados, ilustraciones con fines didácticos, escritos imposibles, indescifrables, escrituras de otro tiempo, tachaduras, arreglos florales, arte topiario, ornamentos gráficos. Como ves, estoy armando imágenes que dialogan con tu quehacer, una vez más. Me interesa el collage como entrecruzamiento entre tiempo, formas, sentido y asociación discordante. Como dice Claudia del Río en Ikebana política: «El arte del contacto, la fórmula del estar juntos entre diferentes».
2
Una de las colecciones más valiosas del fondo bibliográfico
fue la del historiador y periodista Antonio Zinny, nacido en Gibraltar en 1821.
Luego de la valoración de Moreno, que la consideró única en su tipo,
—675 títulos de periódicos sudamericanos (algunos incompletos) y 153 obras raras—
la Provincia adquirió por 10.000 pesos la colección por la que Zinny pedía 15.000
para ser destinada a la flamante biblioteca.
Más tarde, el gobierno encomendó al periodista que recorriera el país
para conseguir por compra, canje o donación,
obras sobre historia americana y argentina.
Por las obras relevadas, Zinny pidió 30.000 pesos y la provincia le pagó 20.000.
Todos los títulos que componen este fondo se encuentran en el
Catálogo general razonado de las obras adquiridas en las provincias argentinas
a las que se agregan muchas obras más o menos raras
realizado por el mismo Zinny.
3
El edificio en el que se encuentra hoy la biblioteca fue construido en los años 30.
Su directora fue enviada a Europa con el fin de realizar una tarea de inteligencia:
relevar distintas instituciones para copiar el modelo.
La biblioteca, ubicada estratégicamente en un lugar central de la ciudad,
aún conserva la sala de lectura silenciosa con estanterías de madera,
pupitres con lámparas verdes de banquero
y dos escritorios elevados, uno en cada extremo del salón,
para que los encargados puedan vigilar mejor a los lectores.
En sus anaqueles, todas las áreas del conocimiento
están ordenadas por CDU, Clasificación Decimal Universal,
un sistema numérico jerárquico desarrollado en 1953
que a lo largo del tiempo tuvo sucesivas revisiones.
La CDU se rige por el principio de los números decimales
y en ella tiene lugar todo el conocimiento humano:
en el número 0 las generalidades, los diccionarios y las enciclopedias,
en el 1 se ordenan los libros sobre filosofía y los de psicología,
en el 2 la religión y la teología, en el número 3 todos los documentos
sobre ciencias sociales, estadística, política y etc.,
el 4 permanece vacante,
el 5 está destinado a las matemáticas y las ciencias naturales,
el 6 es para las ciencias aplicadas, la medicina y la tecnología,
en el 7 se ubicarán los libros de bellas artes, juegos, espectáculos y deportes,
todo lo referido a lenguaje, lingüística y literatura se ubicará en el número 8,
el 9 será el lugar de la geografía, las biografías y la historia.
En la CDU puede ser clasificado todo,
hasta los detalles de realidades que no están mencionados en ella,
ya que, por su estructura de ordenación conceptual,
siempre es posible hallar un concepto superior
en que dicha realidad se encuentre incluida.
4
La biblioteca despliega su depósito a lo largo de cinco entrepisos
con un sistema de rejas para la ventilación que mantiene
temperatura y humedad estables durante todo el año.
Posee un dispositivo con cierre hermético para la desinsectación
—caños embutidos en la pared para que circule el veneno en humo—
a la que se sometían las donaciones antes de ingresar a la colección.
Muchas de estas políticas bibliotecarias suelen ser abandonadas
porque insumen demasiado tiempo o, tal vez, por desconocimiento.
Así como las plagas se diseminan,
dejar de lado ciertas prácticas, tiene sus consecuencias.
5
En los 90 comencé a estudiar Bibliotecología.
En Argentina eran tiempos del triunfo de lo cuantitativo,
la productividad medida con indicadores,
el benchmarking, la administración, el marketing.
Me formé leyendo apuntes que citaban a Peter Drucker,
Edwar Deming, Alvin Toffler,
adalides en gestión de la calidad para la mejora continua.
Los profesores nos recomendaban aplicar
la reingeniería a la cadena documental,
evaluar desempeño de recursos humanos,
hacer organigramas, acumular datos estadísticos,
modelos para la toma de decisiones
—cuántos libros se ingresan a la base por hora
para cuántos becarios en cuántos meses—.
La formación anglosajona comenzó a desplazar a la de raíz europea,
los lectores usuarios de las bibliotecas se transformaron
en clientes y consumidores de unidades de información.
Las distintas corrientes de la Bibliotecología
—pragmatismo, profesionalismo, humanismo, cientificismo,
mercantilismo, historicismo, tecnicismo—
entraron en tensión y lucha por la supervivencia.
La recomendación de neutralidad, objetividad
y nula injerencia en cuestiones políticas
iba de la mano de la efectividad y la eficiencia
en los procesos y servicios.
Nos formamos para ser técnicos pragmáticos
expertos en administración y bibliometría
dejando de lado al bibliotecario humano social.
Por eso, cuando presenté mi plan de tesis
sobre censura de libros durante la dictadura
fue tanto el desconcierto que tuve que ir a buscar director
fuera de las bibliotecas, a la carrera de Letras.
6
Unos años más tarde comenzó a implementarse
el código de barras como en el supermercado
permitiendo el control de stock y la reducción de tiempos en los préstamos.
Probaron distintos tipos de impresoras
hasta concluir que con resina se imprime más nítido.
Un novedoso sistema de alarma obligó a colocar
en todos los libros y documentos de archivo
etiquetas cuadradas como las de las librerías.
Nadie reparaba en cómo ese dispositivo afectaba al papel,
el potente adhesivo estropeaba cubiertas, ilustraciones y contratapas,
entretanto, la tecnología irrumpía velozmente para cambiarlo todo.
Desde entonces la biblioteca atravesó seis migraciones de bases de datos.
Días, meses, años, dedicados a migrar
corriendo detrás de los desarrollos de software
y corrigiendo errores en los registros.
No hay biblioteca que escape a las corrientes de turno
ni base de datos que esté completa.
7
Para la catalogación adoptamos el KOHA,
un sistema de gestión de código abierto
que utiliza el formato MARC21;
por ese entonces, ya había descubierto que la bibliografía material
era una forma de la catalogación afectuosa
por eso me dio alegría saber que el nuevo sistema
permite notas más específicas para las colecciones especiales.
Contra todo mandato de los tiempos presentes,
controlo la ansiedad, me detengo, me abstraigo,
para hacer del registro bibliográfico una descripción extensa y profusa.
Cada ejemplar abre una cápsula del tiempo
que despliega frente a mí los oficios de la imprenta
cajista, componedor, batidor, fundidor,
hago una nota por cada letra corrida, dada vuelta, faltante,
doy cuenta de las equivocaciones o distracciones
elaboro posibles causas para esos errores:
un trabajador cansado, con frío, triste o borracho.
Imagino nudillos sobresaliendo por la artrosis,
dedos rígidos, agarrotados,
tomando con dificultad cada tipo de metal,
en su perfecta aleación de plomo y antimonio.
Reparo en la encuadernación, sus materiales
costuras, nervios y tipo de lomo.
El papel con sus puntizones, corondeles, filigranas
los marmoleados con sus particulares formas y colores,
las delicadas orlas, tipografías, iluminaciones.
Como si fuera el trayecto de una vida
detallo cada una de las marcas de procedencia
porque es importante escuchar lo que el libro dice,
a través de la materialidad, acerca de su historia.
Pienso que la forma hace al texto,
y me doy cuenta de que describo al ejemplar
como si de describir a la persona querida se tratase.
Como una bibliotecaria humana3.
3 ¡Una bibliotecaria humana! Hace poco leí un texto de Alejandra Pizarnik (no recuerdo dónde) describiendo su procedimiento: «Adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo; cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude». Adherir, contemplar, cambiar, ensamblar, suprimir, imaginar, dibujar para encontrar. Hacer una primera lista de palabras con los recortes de Los Hombres de la Historia. En principio son 100 categorías divididas en pequeños afiches donde las clasifico a partir de los siguientes rubros:
1 – Mujeres con telas mojadas;
2 – Funerales;
3 – Vestimentas; 4 – Exequias 1 y 2;
5 – Máscaras mortuorias;
6 – Mujeres poderosas en duelo;
7 – Círculos 1, 2, 3 y 4;
8 – Sombreros de la realeza;
9 – Peinados;
10 – Caballos de guerra 1 y 2;
11 – Mapas;
12 – Con ríos 1, 2 y 3;
13 – Planos;
14 – Notas al margen;
15 – Personas mirando hacia el frente;
16 – Personas mirando hacia la derecha;
17 – Personas entregando algo importante, y otras.
Figura 2: Categorías. Notas al margen. «Dibujos marginales de Erasmo en un ejemplar de Elogio de la Locura».
8
Ejemplares preciosos
de valor inconmensurable
ediciones estimadas
riquísimas ediciones
bellos
curiosos
preciosos
de lujo
extraordinarios
admirables joyas
notables
tesoros
son algunas de las formas en que los libreros del siglo XVII
comenzaron a llamar en sus catálogos a los ejemplares raros4.
Marginalias, antiguos dueños, ciertas materialidades
como la encuadernación, el papel, los ex libris,
comenzaron a ser registradas.
Surgieron fórmulas que se traducían en valor de mercado:
agotado, escaso, raro, muy raro, rarísimo
y, con el correr del tiempo, el concepto
llegó a las colecciones de las bibliotecas.
Los criterios de rareza cambian constantemente
según los intereses de cada generación
¿Cuáles son nuestros libros raros hoy?
¿Hay espacio para ellos en nuestras bibliotecas?
¿Les damos lugar a las publicaciones plebeyas?
¿A lo que circula en los márgenes? ¿A lo diverso?
4 Ejemplares preciosos, ejemplares raros, tesoros de otra época que vuelven. Todas esas clasificaciones y definiciones. En El vértigo de las listas, Umberto Eco dice que las listas caóticas sirven para revolver el mundo, para acumular propiedades, para que surjan nuevas relaciones entre cosas lejanas, para dudar del sentido común.
9
La colección que dio origen a la biblioteca
sigue conservada en armarios decimonónicos.
Sin un orden temático,
su ubicación parece obedecer más bien al orden de llegada.
También estaba la cuestión práctica:
a veces los libros se ordenaban en el mueble disponible
según el tamaño de las obras.
Ese orden original permite historizar
las prácticas bibliotecarias de una época,
los usos y costumbres de un tiempo.
Eso también es información útil
un sedimento temporal que brinda datos para responder preguntas,
indicios que creo necesario resguardar,
como parte de la historia de los procesos técnicos,
como una tradición de nuestro oficio.
Deshacerlo, supone borrar huellas imposibles de recuperar.
Cuando abro las puertas de los armarios veo una imagen:
el collage de materialidades y textos que conforman
todos los ejemplares juntos: uno al lado del otro.
En un ámbito monopolizado por la CDU
las signaturas llaman la atención:
Armario 1
Tabla 2
1ª fila
N.º 18
Cuando alguien propone la clasificación temática para estos fondos,
sospecho que nadie tiene en cuenta el orden semántico de Warburg
ni que la clasificación es un discurso sesgado y subjetivo
que ordena el mundo de una manera y no de otras.
Podríamos pasarnos la vida reclasificando,
pero creo que no hace falta, lo importante
es que se produzca el encuentro con el libro y su circunstancia5.
5 Todo esto me entusiasma. La disponibilidad del espacio. Las formas en que limita o expande ¿Leíste el Diario de la dispersión de Rosario Bléfari? Me acordé de esto que dice en un momento: «En las entregas anteriores estuve tratando de exponer un posible método propio de quehacer artístico, una forma de hacer las cosas que me interesan que consiste en abordarlas todas al mismo tiempo, empezando y abandonando, continuando, atendiendo, cruzando, avanzando y descartando, y también haciendo caso omiso de las fronteras que separan aquellos asuntos que tienen puerto asegurado porque son del dominio de mis oficios –hacer una canción, escribir un cuento o este diario con su fecha fija de entrega– de los otros actos que son hijos de la dispersión liberada y que ya no se sabe si son artesanía, manualidad, decoración, entretenimiento, ejercicio, boceto, prueba o error. Todo ocurre en un ambiente de retiro en esta casa pampeana». ¿De cuántos modos se puede clasificar el mundo en una colección?
10
¿Qué es lo que no se muestra en la actualidad de las bibliotecas?
Hay cosas que se pierden, que se mantienen en secreto.
La cuestión es el equilibrio entre la preservación y el derecho al acceso.
Guantes y cunas son imprescindibles para consultar
ciertos ejemplares que cuidamos como tesoros,
el papel es el soporte más estable y el que más años perdura,
pero sabemos que tiene una vida útil.
Entonces ¿qué hacemos con la digitalización?
¿Es que todo debe transformarse en bytes?
Es cierto que la experiencia de lectura frente al ejemplar en papel es irremplazable
sin embargo, el avance de la virtualidad modificó para siempre
la difusión de las colecciones y el acceso de los lectores.
También digitalizamos para conservar el original,
para sacar de la consulta los ejemplares únicos y dañados
que ya no resisten la manipulación.
Digitalizarlos es alargarles la vida y permitir su lectura
pero el documento digital está cargado de potencial obsolescencia,
sin un criterio de conservación preventiva, habrá pérdidas.
Hay que decirlo: una cosa no sustituye a la otra.
Yo misma armo mi propia biblioteca desmaterializada en el e-reader
fascinada con tener en ese dispositivo
todo lo que no quiero o no puedo comprar, almacenar ni transportar.
Sin embargo, hay libros que merecen el papel
porque la materialidad hace al texto y las formas crean sentido.
Se trata de combinar los dos mundos y no de optar
porque cada uno tiene sus propias ventajas.
Permiten distintas maneras de relacionarse, conocer y usar
una misma obra que siempre muta,
una mixtura entre antiguas prácticas bibliotecarias
y nuevos saberes técnico-instrumentales.
En el medio y, sobre todo, la conciencia de nuestra tarea social
y, por qué no, política.
Figura 3: Categorías. Sombreros de la realeza.
11
Esta mañana nos dimos cuenta de que en la donación que trajimos hay bichos.
En casi todos los libros pululan pececitos de plata grises
con antenas largas como su cuerpo.
Recomiendo hacer una nueva desinsectación.
Me pongo el guardapolvo azul, los guantes celestes, el barbijo de friselina,
armo una estructura circular con los libros
para que el humo del veneno envuelva las páginas.
Polvillo y larvas es lo que buscamos,
pero también encontramos libros con adendas,
recortes de periódicos sobre la edición de algunos títulos,
anotaciones manuscritas del dueño del libro
dejando asentadas sus ideas, sus debates privados con el texto, sus críticas.
También aparecen fotos, cartas, pétalos
todo lo que los lectores dejan en los libros: los insertos.
Entonces establecemos una práctica operativa:
acordamos dejarlos en la página en la que los encontramos,
protegerlos con un papel libre de ácido,
poner con lápiz la signatura y el número de página,
para conservar el dato ante posibles pérdidas.
Sé que en otras bibliotecas las decisiones son distintas:
separan los insertos de los libros que los contienen,
el dato se refleja en el registro bibliográfico,
y organizan un archivo con este tipo de materiales.
Yo creo que nuestra decisión es acertada,
porque separarlos fomenta la disociación
y la pérdida de información sobre los gestos
que conforman la práctica lectora.
Figura 4: Categorías. Souvenirs 6.
6 Todos los libros que conozco tienen souvenirs, especies de mensajes que llevan a otros textos. Mi abuela Antonia dejaba estampitas de santos, vírgenes y oraciones en los libros. En su biblioteca, algunos ejemplares tienen notas, dibujos, recortes, boletos de colectivo dentro de sus hojas, como conversaciones con el futuro lector, sorpresas de otro tiempo.
12
Un verano volvimos de las vacaciones y nos enteramos
que habían decidido desalojar el archivo institucional
necesitaban liberar el lugar
para poner servidores de internet.
Por el problema de la falta de espacio,
tan común en toda biblioteca,
muchos documentos considerados obsoletos
son destinados a la venta por peso.
En un esfuerzo solitario por rescatar la memoria institucional
me escondí en el depósito a revisar
la pila de papeles antes de que se los lleve el camión
cuando de repente, desde el montacargas surgió una chispa, humo, olor.
Tuve que delatarme y pedir ayuda
para que los cinco entrepisos abarrotados de libros y revistas
no fueran devorados por el fuego.
Tuve que optar por el polvo del matafuego
ante la voracidad irremediable de las llamas.
La biblioclastía refiere a la destrucción voluntaria de libros y documentos
a la censura y requisa de bibliotecas, a la persecución de trabajadores
de bibliotecas, archivos y otros espacios que almacenan registros de conocimiento,
y demás acciones que conducen al desaliento de la lectura de forma sistemática,
pero también a la impericia y el desinterés.
Agua, fuego, plagas, acción o inacción del ser humano,
la historia de las bibliotecas y la cultura escrita
es también la historia de sus pérdidas.
13
En el último día de enero repaso libros descartados
y me encuentro con Los años duros, del cubano Jesús Díaz,
editado por Jorge Álvarez en 1967.
Dentro del libro hay un inserto,
un tarjetón amarillo con letras impresas que dice RETENIDO.
En este país hubo años de censura sistemática
grandes piras que ardieron en el intento inútil
de desterrar ideas y sustituirlas por otras.
El 26 de junio de 1980, en el conurbano bonaerense,
en un baldío de la calle Ferré de Sarandí,
el juez De la Serna de La Plata ordenó quemar
un millón y medio de libros trasladados desde un depósito del CEAL.
El Centro Editor de América Latina, fundado por Boris Spivacow,
fue una de las editoriales más golpeadas por la dictadura cívico militar.
No sólo quemaron sus libros,
también desaparecieron a Daniel Luaces, uno de sus trabajadores.
Todos sufrieron persecución, bombardeos, amenazas.
El día de la quema, dos trabajadores del Centro Editor,
Amanda Toubes y Ricardo Figueira,
fueron convocados a presenciar el hecho, para dar cuenta y testimonio.
Gracias a ellos tenemos las fotos y relatos
de esa mañana de frío, un día plomizo
Amanda dice que se escuchaban gritos de los chicos que salían de la escuela
— ¡Están quemando libros!
Ella los animó a que los saquen de la pira y se los lleven.
En 2013, la mañana igualmente fría del 26 de junio,
con los amigos de Libros que muerden,
pusimos una placa en el baldío de Sarandí, como un recordatorio.
Libros enterrados, escondidos en taparrollos o detrás de una pared improvisada,
en la parte más alta de una estantería, forrados para que no se vean las tapas,
en un altillo, en un baldío, los libros que fueron rescatados
también son parte de nuestra historia.
Una biblioteca es también lo que salvamos.
7 ¡Justo! sobre la quema de libros encuentro una descripción de la colección Los hombres de la historia en el libro de Judith Gociol Más libros para más: colecciones del Centro Editor de América Latina. Te cuento algunos datos que tal vez te puedan servir para futuras indagaciones (cuando estemos de nuevo en La Plata nos podemos reunir con unos mates de por medio y charlarlo personalmente): Inicio de publicación: 1968. Dirección de colección: Haydée Gorostegui de Torres. Equipo de trabajo: Margarita Pontieri secretaria de redacción, luego sucedida por Ricardo Figueira, Graciela Cabal, Graciela Montes (a cargo de la primera reedición), Néstor Míguez, María Emma Espoille, Fernando Lida García, Carlos Altamirano, Oberdán Caletti, Cristina Iglesia, Eduardo Prieto, Adriana Savini, Antonio Bonnano y Susana Bahamonde (a cargo de la traducción). Características: el material base de la colección es la traducción de la serie italiana I Protagonisti della Storia Universale de la Compagnia Edizioni Internazionali de Milán, a la que se le agregaron nuevas figuras (como Evita en el número 161). Gorostegui de Torres había viajado a Italia y allí descubrió la colección. Desde el Centro Editor (¡que editorial tan importante para nuestro país!) gestionaron la autorización para la publicación del material, cuyos derechos –aparentemente– el sello europeo nunca cobró. Desde Milán llegaban las películas de los fascículos y también los reclamos por la falta de pago que –al decir de Heber Cardoso– el gerente general terminaba por disuadir «mágicamente, con alguna fórmula secreta que surtía efecto». La colección fue agrupada en 26 tomos y tuvo varias reediciones (en las que se modificó el orden de los títulos), incluida una realizada recientemente por el diario Página/12.
14
En las bibliotecas hay ejemplares perdidos
y también sobrevivientes.
En una visita, Alejo me contó cómo había quemado libros de esta biblioteca.
Hablaba con dolor y vergüenza de sus años de juventud y antiperonismo,
de cómo vaciaron la Sala Justicialista,
de la excitación que provocaba tirar libros desde el primer piso
hacia la plaza en la que armaban piras.
Otro día Roberto, un trabajador de la biblioteca, me contó que durante la dictadura
sacó el diario La Opinión de la Hemeroteca
y lo escondió, porque lo consideraba un tesoro en riesgo.
No fue fácil, por su tamaño, pero cuando de salvar libros se trata,
siempre se encuentran escondites.
Esperaba que pasen los malos tiempos
para poder volver a prestarlo.
Los trabajadores de la biblioteca, cuando se sienten parte,
son capaces de defenderla con su vida.
Libros como archivos que se transforman
en testimonios de las convulsiones de una época.
La memoria de una biblioteca
está hecha de confesiones, indicios, huellas.
Para rescatarlas, hay que aprender a leerlas.
Figura 5: Categorías. Miradas.
15
En marzo de 2006 empecé a trabajar en el archivo
de una Madre de Plaza de Mayo.
En el garage de su casa, Adelina tenía resguardados
cada uno de los papeles que reunió desde el día que se llevaron a su hijo Carlos.
La mañana en que la conocí, me dio las llaves de su casa
y durante varios meses fui tres veces por semana.
El archivo ya estaba organizado y sus series definidas:
1 – Adelina
2 – Carlos Esteban
3 – Documentación legal
4 – Militancia
5 – Madres de Plaza de Mayo
6 – APDH La Plata
7 – Comisión por la Memoria
8 – Acciones de búsqueda
Mi tarea consistía en analizar cada documento y registrarlo en la base de datos
Autor, Título, Año, Mención de nombres relevantes, Mención de lugares, Notas.
A veces, cuando Adelina estaba en casa, agregaba datos
que me ayudaban a describirlo mejor.
Yo le asignaba a cada documento un código
que anotaba con lápiz en el margen superior izquierdo
5-2-9-4 (número de caja, carpeta, folio, documento).
También me encargaba de la limpieza mecánica
quitaba ganchos y elementos de metal para evitar que dañen el papel y las tintas,
hacía un relevamiento de autoridades, nombres personales y entidades
y una lista de tipos documentales:
Carta
Carta abierta
Cédula de citación
Certificados
Declaración testimonial
Estampa
Expediente
Factura
Impuestos
Manifiesto
Postal
Recibos
Volantes
Todo se interrumpió con la segunda desaparición de Jorge Julio López.
Adelina tuvo miedo de mis llegadas en bicicleta a su casa, me resguardó.
8 Yo también trabajé en el archivo de una Madre, mi abuela. Al igual que Adelina, la abuela Antonia armó en su casa estanterías con cajas donde ordenó por temas los documentos según sus intereses. Los diarios que van desde 1976 hasta 2016 estaban en otra parte, separados por años. Dentro de las cajas además de diarios había escritos, flores secas, afiches y hojas unidas por alfileres.
Figura 6: Categorías. Miradas II. Fotocopias.
16
Estoy trabajando con una biblioteca personal y me doy cuenta
de que la catalogación afectuosa es aplicable a cualquier tipo de libro.
Noto que casi todos los ejemplares están firmados por su dueña
y las firmas están acompañadas de fechas.
Me gusta cuando, además, ella pone el día, por ejemplo,
en Introducción al estructuralismo
una compilación de artículos de Lévi-Strauss, Sazbón, Todorov y otros,
anota debajo de su firma: martes 5-V-70.
Noto que, con el tiempo, la firma se va transformando;
en los 60 es más nítida y legible,
en los 70, los años del exilio, el trazo se hace más distante,
en los 90 se vuelve un garabato apurado.
Los libros más antiguos, además, están subrayados con distintos colores,
marcas, comentarios y preguntas en los márgenes.
Recorro la vida de la dueña de esta biblioteca
haciendo deducciones, buscando indicios.
Por ejemplo, en La muerte de la familia de David Cooper
—un librito editado por Paidos en 1971, con papel ácido, opaco, quebradizo—
Elena marcó varios párrafos y dejó marginalias
«concepto de represión-cooper»
«nivel instituciones»
con tinta verde, a veces negra
una flecha señala un párrafo subrayado
la punta de una página doblada hacia adentro
«esto es importante»
«hasta acá llegué».
A veces también marca párrafos con resaltador
«la familia, modelo en miniatura de una organización social y política
fundada en la opresión de una clase social por otra…»
«Dispositivo» anota en un margen.
Creo que Elena no veía al libro como un objeto sagrado.
Mirando su colección, pienso mucho en ella.
9 El archivo de la abuela Antonia es fascinante. Me tiene con mucho trabajo y entretenida por estos días. Ella sola guardó y catalogó miles de diarios, ordenándolos en bolsas y cajas, separados por años, desde 1976. En los diarios aparecen anotaciones suyas donde conversa con la noticia, la retruca, agradece o se pelea. Nosotras, las que volvemos a abrir estos archivos, establecemos otros vínculos, leemos otras cosas, otros mensajes. Ahora que ellas ya no están ¿cómo los ordenamos?
17
Con Vicky, una amiga bibliotecaria, conversamos de nuestros archivos,
esos papeles que estamos describiendo, cada una en su propia institución.
Nos contamos los cruces entre su archivo y el mío,
documentos que dan cuenta de las desavenencias
o coincidencias entre uno y otro.
Nos preguntamos cómo dar cuenta de todo eso que las bibliotecarias vemos,
de los afectos que se tejen, lo que descubrimos al explorar esas vidas
que requieren oído, lectura atenta y sensibilidad
para captar lo que se dice más allá de lo escrito y lo editado.
Si un documento es una construcción
¿cuántas ficciones alimentan las instituciones?
¿qué memorias buscan construir?
Conversamos sobre los campos disponibles en la base de datos,
que muchas veces nos resultan insuficientes,
y de las normas, que no tienen en cuenta estas cuestiones.
Nos preguntamos sobre cómo adaptar la técnica
para complementar la descripción con nuestras emociones.
Figura 7: Categorías. Tapiz de papel. B/N.
18
No hay bibliotecas que no tengan pendientes.
En sus estantes se resguardan fragmentos
pequeños pedazos inhallables, inclasificables,
cuerpos extraños que, por serlo, permanecen silenciados
hasta que alguien se fija en ellos y los muestra.
La biblioteca se toma sus tiempos,
los archivos están atravesados por las políticas institucionales
y sus intereses de época.
Así, muchos materiales se transforman en invisibles
y otros ni siquiera son evaluados para incorporar en las colecciones.
Las culturas subalternas, las disidencias, ciertas temáticas
ocupaban poco espacio en los anaqueles
de las bibliotecas en las que trabajé.
¿Qué damos de leer?
¿Qué contamos de nuestros libros y documentos?
No pocas bibliotecas se deshicieron de los ficheros manuales;
cuando se cambia de software, algunos datos se vuelven irrecuperables.
A veces la invisibilización tiene que ver con el afán del secreto,
con el poder, con las deficientes condiciones de seguridad
y los consiguientes riesgos para libros excepcionales codiciados por el mercado.
Se agrega el habitual desinterés de ciertas autoridades
para las que nunca es prioridad el patrimonio ni lo pequeño,
para quienes un libro antiguo es un libro viejo que ocupa demasiado espacio.
Sus planes de catalogación masiva suelen excluirlos
por falta de personal y porque las bajas estadísticas de uso
son el argumento para decretar la inutilidad en la relación costo/beneficio.
Para no tirarlos, proponen construir depósitos donde enviarlos
propiciando la tan inconveniente disociación del resto de la colección.
Estos libros son objetos artísticos y fuentes primarias,
adquieren un sentido donde están
y no separados en otro lugar de la ciudad;
sin historia, sin personas, sin movimiento
el destino que les espera es el olvido.
19
Entrados los años 2000, en la biblioteca
se bajó el cuadro que indicaba el silencio obligatorio,
la señora con el dedo índice atravesándole la boca,
que estaba colgado en la Sala de Lectura.
Por esos años también, la cruz que nos recibía
cuando firmábamos la planilla de entrada,
quedó olvidada en un depósito, como vestigio de ciertas épocas
que algunos nostálgicos esperan que vuelvan.
Los símbolos cayendo en la biblioteca
como los cuadros con los retratos de los dictadores
que un presidente, no hace tanto, mandó a descolgar
en el patio de honor del Colegio Militar, en Argentina.
20
En las visitas guiadas, me gusta ver cuando llega la gente
en sus caras se adivina la sorpresa ante el montaje de la escena
los libros más atractivos dispuestos para recibirlos
iluminados, ediciones diamante, intonsos, dedicados
nuestras manos con los guantes de látex
las ropas protegidas por guardapolvos
las cunas para sostenerlos y que la encuadernación no sufra
enseñamos un tipo de cuidado hacia esos objetos
cómo pasar las páginas, serenamente
cómo sostenerlos, firmemente
cómo leerlos.
Recuerdo el tono de nuestras voces, las explicaciones
abrir mundos para que sepan que lo que están viendo no es sólo un libro
es la historia de todas las vidas allí desplegadas
en el tiempo lento que los libros requieren
es el afecto que ponemos cada día en esta práctica
no hay quien no se conmueva
y yo también me conmuevo con ellos.
21
Un día soñé con mi biblioteca ideal:
museo-archivo-biblioteca
pantalla-papel-pasacalle
puesto de feria-mesa itinerante-círculo abierto
fogón-vientoenlacara-silencio
música-susurro-cuerpo.
Una biblioteca para leer libros
igual que fichas de catálogos de los años 20,
normas, códigos, políticas, desideratas,
dedicatorias, ex libris, encuadernaciones,
una hoja de guarda de papel marmoleado,
los gestos de la chica que pasa el día en la sala.
Una biblioteca que da para leer lo diverso
igual que los silencios,
los planes de los y las tecnócratas, sus estrategias,
las fotos en un álbum del siglo XIX,
poemas en los edificios,
signos en los estantes,
los libros que vuelven a ser árboles en una plaza de colores cambiantes,
recuerdos insertos entre las páginas,
cruces, huecos,
datos que escapan a los tags y el control.
Soñé una biblioteca mutante, danzante, resplandeciente,
obsesionada con el orden y los desvíos,
incluso evanescente,
preocupada por resguardar aun lo efímero,
habitada por un grupo de personas
que pueden sentir su movimiento permanente;
en ese sueño
buscábamos sonrientes todo tipo de cuestiones
y la biblioteca era una más de nosotres,
nos daba todas las preguntas,
nos reclamaba cuidado,
convidaba hallazgos,
era luminosa, abierta, con sus secretos a flor de piel;
ninguna mercancía la atravesaba,
una joven sabia, amorosa,
pocas veces vista
una biblioteca deseante, creativa,
con pocas certezas y algunas definiciones
un lugar donde hacer vida con otres
con imaginación poéticapolítica,
colecciones diversas y procesos técnicos y humanos,
textos en formato digital, en papel, en imágenes y hologramas,
con memoria de todo lo que fuimos y de lo que queremos ser
con afecto y destreza en cosas inútiles,
una biblioteca en la que dejar que el tiempo se pierda,
un sitio donde conocernos
para la inestabilidad y la estabilidad, para la intimidad,
una biblioteca fantástica, fértil,
una casa segura para el don
una biblioteca como un jardín
mi biblioteca soñada
una vez la encontré
era un sueño
que está siendo.
Palabras finales
La biblioteca es un universo habitado por colecciones y comunidades. En ella, los diálogos se entretejen como en este Diario.
Creo que las bibliotecarias tenemos el deber de asegurar el derecho de acceso a la información y al conocimiento, y también el derecho de acceso a la belleza. Todo cabe en la poesía, incluso la biblioteca. Todo cabe en la biblioteca, sobre todo la poesía. Estoy convencida de que hacen falta más bibliotecas que abran y alojen, que es posible gestionarlas afectivamente, poéticamente, que necesitamos tejer alianzas para crear bibliotecas que nos protejan de la intemperie, que nos den la bienvenida mientras nos dicen que todo va a estar bien.
Una biblioteca como una casa.
10 Querida Flor: recién termino de leer el Diario y vuelvo a mirar todos los recortes que guardó la abuela Antonia. Pensé en muchas cosas: en los archivos personales, en los papeles, en lo que guardamos, cómo lo guardamos, en nuestros celulares y nuestros drives que se pierden, se rompen o quedan sin espacio de almacenamiento, en la facilidad de compartir información sin saber dónde va ni cuestionarnos dónde o quién la resguarda. También pensé en la historia de los libros y lxs lectorxs. En el dar a leer, en crear la ocasión. Biblioteca museo, empresa, migrante, pregunta, pérdida, resguardo, memoria, trinchera, escondite, olvido, archivo y símbolo. Biblioteca jardín. Gracias. Nos vemos pronto. Te abrazo.
Florencia Bossié
Bibliotecaria Documentalista y Licenciada en Bibliotecología y Documentación (UNLP). Diplomada en Gestión de Colecciones Bibliográficas Especiales (BNMM y UNMdP). Estudiante de la Maestría en Estudios Literarios de Frontera (UNJu). Se desempeñó en bibliotecas escolares, populares, especializadas, universitarias, ambulantes entre los años 2009 y 2025 fue Directora de Salas Museo (Biblioteca Pública de la UNLP). Actualmente se desempeña en la Biblioteca de la Facultad de Psicología (UNLP).
Es integrante del proyecto de investigación “El archivo visible. Escrituras, circulación y edición en América Latina” (FAHCE-UNLP).
Investiga y participa de eventos y capacitaciones sobre archivos personales, la memoria del pasado reciente y su relación con las bibliotecas y la historia del libro.
También se dedica a la escritura poética.
Julia Cisneros
Julia Cisneros es Magíster en Estética y Teoría del Arte (UNLP), Licenciada en Letras Modernas (UNC), Técnica superior en Artes Visuales (UPC) y Profesora de Letras (UNLP). Actualmente es estudiante de la Diplomatura en Arte y Educación (UNSAM).
Docente en escuelas artísticas públicas de la ciudad de La Plata. Co- editora en el proyecto de fanzines Bruma de la ciudad de La Plata. Ha publicado libros de poemas e ilustraciones.
Recibió becas del Fondo Nacional de las Artes en 2017, 2019 y 2021 y Activar Patrimonio 2022 para proyectos de relevamiento y puesta en valor de archivos, curaduría y creación personal.
Referencias
Para escribir este artículo poético se consultaron diversas fuentes. Lectoras y lectores avezados, habrán detectado aquí menciones a términos acuñados ya ni se sabe dónde, porque el rastro de su origen se ha perdido en los devenires de la escritura.
Agradezco, de manera especial, la vitalidad de bibliotecarias y bibliotecarios que hacen de las bibliotecas lugares de movimiento, abiertos a la pregunta y al diálogo. Para eso, sabemos, no hacen falta títulos ni grandes trayectorias académicas. Hace falta afecto y comunidad.
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DIARIO DE UNA BIBLIOTECARIA
Florencia Bossié
Universidad Nacional de La Plata (Argentina)
florenciabossie@gmail.com
Julia Cisneros
Universidad Nacional de La Plata – Universidad Nacional de Córdoba (Argentina)
Jcisneros4@abc.gob.ar
DOI: 10.30827/sobre.v12i.34878
Citar como: Bossié, Florencia; Cisneros, Julia. 2026. “Diario de una bibliotecaria”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.34878
Cite as: Bossié, Florencia; Cisneros, Julia. 2026. “Diary of a librarian”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.34878