SOBRE

N12

PASAJES

101 fantasmas recorren la biblioteca

2026

101 FANTASMAS
RECORREN LA BIBLIOTECA

Javier Pérez Iglesias

Javier Pérez Iglesias

Universidad Complutense de Madrid
jperezi@ucm.es


DOI: 10.30827/sobre.v12i.36383

Citar como: Pérez Iglesias, Javier. 2026. “101 fantasmas recorren la biblioteca”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.36383

Cite as: Aeromoto. 2026. «101 ghosts haunt the library”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.36383

SECCIÓN PASAJES
SOBRE N12 01/2026

En octubre de 2013 la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la UCM comenzó un giro de apertura hacia los lenguajes y las miradas del arte para tratar de ser una biblioteca abierta (no solo a la comunidad universitaria), diversa (tanto en sus colecciones como en sus servicios) y colaborativa (para permitir una mayor presencia de personas no bibliotecarias en la toma de decisiones).

Ese giro fue posible gracias a que contaba con un largo bagaje que, como suele ocurrir en las bibliotecas, implicaba mucha sabiduría y mucha dedicación. Tuvo una presencia fantasmática desde finales del siglo XVIII porque, nada más crearse la Academia de Bellas Artes de San Fernando, ya sucedían allí actividades relacionadas con el aprendizaje de las artes. Había libros, dibujos, grabados, textos escritos que se utilizaban para acompañar el trabajo en los talleres. Pero no había una biblioteca específica. Estaba la propia de la Real Academia, pero esa era una gran señora biblioteca con sus propios afanes aristocráticos de alta cultura. Por eso, desde el siglo XIX eran constantes las peticiones para que se creara una biblioteca totalmente dedicada al aprendizaje. Pasó ese siglo y nada. Los documentos formaban una red fantasma de objetos que iban por los talleres, las salas, los despachos, sin un lugar en el que organizarse y recibir a estudiantes y profesores (masculino genérico y absoluto, en este caso, porque las mujeres no darían clase en bellas artes hasta bien pasada la década de los 60 del siglo XX). Era una biblioteca fantasma. 

Eso se soluciona el 3 de marzo de 1923 con la inauguración de una biblioteca dedicada a la comunidad de aprendizaje. Pasó entonces a ser una biblioteca okupa; aun teniendo sus muebles y sus colecciones (que ya habían incorporado fotografías, grabados japoneses ukiyo-e, y cientos de dibujos) el edificio no le pertenecía. Seguía viviendo de prestado en el palacio de la Real Academia. Era resistente, eso sí, porque varios obuses fascistas cayeron sobre su tejado y aunque no explotaron destruyeron armarios y dañaron algunos grabados que estaban (y todavía están ya restaurados) en sus paredes.

Con la construcción del edificio actual, y su inauguración en el curso 1967-1968, la biblioteca viaja a una instalación definitiva con todos sus enseres y colecciones, pero sin que nadie hubiera previsto la necesidad de una bibliotecaria. Así que había salas luminosas, con grandes ventanales que dan al jardín, mesas de madera con patas de hierro, sillas, armarios y vitrinas de la anterior sede y muebles nuevos, con cajoncitos, para albergar las fichas del catálogo bibliográfico. Pero no había bibliotecaria. ¿Para qué? En esos años estaba muy instalada una corriente que veía el pensamiento, el estudio de textos, la teoría, como un estorbo para la expresión artística. Tuvo que ser desde el seminario de Historia del Arte, de la entonces Escuela de Bellas Artes, de donde partió la idea de dedicar una partida presupuestaria a contratar a una persona que se ocupara de la biblioteca. Ahí entran en esta historia Conchita Zamacona y tras ella Angelines Vian y Amelia Valverde que, a lo largo de los años, con una dedicación y un amor desbordantes, han convertido la biblioteca en un espacio dedicado al aprendizaje y la investigación.

Haber sido fantasmal, okupa, haber estado dirigida por mujeres sabias ha resultado una buena escuela para llegar a ser una biblioteca travesti que se monta para actuar y compartir escenario con quien lo desee.

La biblioteca ha ido mutando hacia un laboratorio de haceres, un espacio participativo, colaborativo. Todo eso queda muy bien expresado en la intervención que Iván Argote ha hecho en 18 mesas de la sala de lectura: las mesas piel.

Algo característico de esta biblioteca es que prácticamente todas las salas, a excepción del depósito de libros protegidos, son accesibles y están interconectadas. En cada una de esas habitaciones conviven bibliotecarias, colecciones y personas que consultan materiales o trabajan en sus asuntos o acuden a alguna actividad. 

Trabajamos con la idea de que la biblioteca es una obra de arte colectiva e inacabada. Eso quiere decir que atendemos tanto a lo material (las colecciones bibliográficas y otros objetos) como a lo que sucede cuando esos documentos se encuentran con las personas y generan acciones, seminarios, charlas, instalaciones, performances, exposiciones, bailes… También estamos atentas a todo lo que puede catalizar el nacimiento de nuevas publicaciones a partir de proyectos que suceden en la biblioteca. Un ejemplo es la reciente aparición del libro Quema de Archivo: historias, imágenes y documentos en una biblioteca seropositiva.

También es el caso del manifiesto 101 fantasmas recorren la Biblioteca que presentamos aquí. El texto fue susurrado al oído de las bibliotecarias y ellas, médiums absolutas, lo han transcrito y prestan su voz para activarlo a través de la lectura siempre que se necesite.

Con motivo del 101 cumpleaños de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes se realizó una tirada de ejemplares de este manifiesto bibliotecario en la Imprenta Matriz de Málaga.

La manipulación de la imprenta artesanal corrió a cargo de Charli (Carlos San Juan Guerrero), amigo querido de la biblioteca, sin quien no hubiera sido posible ese milagro.

Este manifiesto también se puede leer, en tamaño mini, dentro del fanzine conmemorativo del 101 aniversario de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la UCM (1923-2024), 101 fantasmas. Para esa ocasión, Anto Rodríguez recopiló 101 estampitas con las imágenes de 101 transformistas, travestis y drags españolas que, de esa manera, entraron en la biblioteca y están aquí para quedarse. 

El manifiesto se puede descargar, imprimir, reeditar (con otras letras), publicar (con papeles y maquetaciones diversas). Lo importante es que una persona, o un grupo, lo activen prestando sus voces para que se escuche en un espacio, público o privado, y sea la biblioteca la que hable a través de esas médiums.

Javier Pérez Iglesias

Javier Pérez Iglesias es el director de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la UCM desde octubre de 2013. Comenzó su actividad profesional en la Biblioteca de la Universidad de Cantabria, como Jefe del Área de Ciencia y Tecnología, y ha sido responsable de Apoyo a la Docencia y a la Investigación en la Biblioteca de la Universidad Complutense. Fue Director de la revista Educación y Biblioteca y ha trabajado, fuera del sector bibliotecario, como Jefe del Departamento de Cooperación Universitaria y Científica de la Agencia española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Tiene publicados diversos artículos y capítulos de libros sobre el papel social de las bibliotecas, la lectura como herramienta para el desarrollo personal y comunitario, el Open Access, la adquisición de competencias informacionales y las bibliotecas como lugares de creación.

101 FANTASMAS RECORREN

LA BIBLIOTECA

Javier Pérez Iglesias

Universidad Complutense de Madrid
jperezi@ucm.es

 

DOI: 10.30827/sobre.v12i.36383

Citar como: Pérez Iglesias, Javier. 2026. “101 fantasmas recorren la biblioteca”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.36383

 
Cite as: Pérez Iglesias, Javier. «101 ghosts haunt the library”. SOBRE 12. https://doi.org/10.30827/sobre.v12i.36383